174 años después: el eco vivo de la cadena
174 años después: el eco vivo de la cadena
Por Jonh Jak Becerra Palacios
21 de mayo de 2025
El 21 de mayo de 1851, Colombia firmó la "abolición legal de la esclavitud". Desde el año 2002, esta fecha fue institucionalizada como el Día de la Afrocolombianidad. Sin embargo, más que una celebración, este día debería invitarnos a reflexionar con seriedad sobre lo que realmente significa haber sido esclavizados, colonizados, y aún hoy, sistemáticamente marginados. Han pasado 174 años desde aquel decreto, pero lo cierto es que la historia no ha sido clausurada. La cadena, aunque invisible, sigue presente. No se trata de una metáfora liviana: las marcas del sistema esclavista siguen impresas en nuestras estructuras sociales, en nuestras políticas públicas, en nuestras instituciones educativas, y, sobre todo, en nuestras psiques colectivas.
Mi abuela nunca habló abiertamente de ese pasado. Y, sin embargo, lo llevaba en la espalda, en el tono contenido de su voz, en su forma de mirar al suelo cuando hablaba con personas blancas. Ese silencio era parte del trauma. Como explicó el pensador Amos Wilson, el racismo anti-negro es una institución, no un accidente. No se trata simplemente de actos individuales, sino de una arquitectura de opresión cuidadosamente diseñada para asegurar la permanencia de la antinegritud como norma. En América Latina, y particularmente en Colombia, el mito del mestizaje ha servido para encubrir esta estructura. Nos vendieron la imagen del "crisol de razas" como una fórmula mágica de igualdad, cuando en realidad fue una estrategia para disolver las identidades negras y mantener intactas las jerarquías raciales. El mestizaje, lejos de ser un acto de integración, fue un acto de borrado.
Hoy, cuando veo cómo algunos sectores —incluso dentro de nuestras propias comunidades— trivializan esta fecha con atuendos simbólicos y discursos sin práctica, me invade una profunda incomodidad. Ser afrodescendiente no es una moda ni una pose estética: es una responsabilidad histórica, política y ética. No basta con declararnos herederos de África si seguimos reproduciendo las lógicas del individualismo que nos impuso el sistema colonial. No basta con leyes si estas se convierten en letras muertas. Mientras la dignidad negra siga siendo negociable y el racismo estructural permanezca intacto, el 21 de mayo no será motivo de celebración, sino de memoria activa y compromiso radical. Aún hay una deuda que Colombia no ha saldado, y mientras eso siga siendo así, el eco de la cadena seguirá resonando, no en los museos, sino en nuestras vidas cotidianas.
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